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Pasado

diciembre · 2014

«No todos los tesoros son de plata y oro»

La narración más pura que conozco, la que reúne con perfección más singular lo iniciático y lo épico, las sombras de la violencia y lo macabro con el fulgor incomparable de la audacia victoriosa, el perfume de la aventura marinera – que siempre es la aventura más perfecta, la aventura absoluta – con la sutil complejidad de la primera y decisiva elección moral, en una palabra, la historia más hermosa que jamás me han contado es La isla del tesoro. Fernando Savater.

La Infancia recuperada Stevenson empezó a escribir La Isla del Tesoro en unas vacaciones estivales al norte de Escocia, en 1881, a petición de un jovencito de 13 años llamado Lloyd Osborne. Es bien conocido que escribió la novela al tiempo que la ideaba en su cabeza, casi como si de un juego se tratara y a partir de un mapa imaginario que él dibujó de la isla y a la que fue añadiendo los más diversos paisajes: montes, cabos, bahías, acantilados… A la tarea de confeccionar esta novela tan itinerante, pronto se unieron los padres, además de otros familiares y amigos: la novela se había convertido en el pasatiempo familiar de las vacaciones. Sin duda esta particular y espontánea planificación de la obra contribuyó a darle ese ritmo frenético y esa frescura que han hecho de la isla del tesoro un auténtico canto a la libertad, convirtiéndola en lectura universal obligada de la que ningún lector, que quiera presumir de serlo, ha de renunciar al menos media docena de veces a lo largo de su vida de lector; y si renunciara, si es que acaso puede renunciarse, sea por buscar y vivir mejores e intensas aventuras, si es que esto es posible más allá de este libro, siguiendo y manteniendo intacta la intención primera de Stevenson al publicar la novela: «Que a ti también, / como a Jim Hawkins aquel día, / te aguarde una Hispaniola». Pero mientras aguardamos la visita de nuestra particular Hispaniola, leer o releer La Isla del Tesoro, puede funcionar como inmejorable sustituto hasta que llegue ese día. Si es que algún día llega.

Versión libre de José Ignacio Juárez Montolío para teatro de muñecos, de la novela de Robert Louis Stevenson

Adaptación del Texto y Dirección: José Ignacio Juárez
Actor - Titiritero: José Ignacio Juárez
Diseño Espectáculo: Teatro Arbolé
Luces: Julio Sebastián
Música: José Luis Romeo
Producción: Esteban Villarrocha y María José Montón.