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Circuito de la Red de Teatros Alternativos

Pasado

diciembre · 2013

“Debemos destruir parapetos obsoletos, aplacar nuestros deseos de ser. En el no ser hallaremos el regocijo. Aprendamos a aceptar la tristeza, el malogro, el naufragio; la alegría está sobrevalorada. Aceptemos ser el mayor fantasma del reino animal y la anodina existencia se transmutará en divina providencia, en obra de arte.”
Mateo Lamberland, zapatero de Sigmund Freud

¿Quién soy? ¿Soy lo que deseo? ¿Qué deseo? Principalmente no hacerme nunca esta pregunta. Pero sobretodo no contestarla nunca de verdad, no vaya a ser que no me guste la respuesta. La felicidad es una dirección, ni tan siquiera un camino, y ni en eso acierto ¿Qué es lo que no entiendo de mí mismo? ¿Quién soy? Uno entre mil posibilidades cada vez que me manifiesto. ¿Es triste obligarme a ser siempre la misma de entre esas mil posibilidades? ¿O es lo correcto? ¿Qué es lo correcto? ¿Dejar de desear lo que deseo? ¿Desear otros deseos?

El cielo de los tristes – o la imposibilidad de ser mejor persona- es un paraje anímico situado en algún lugar entre las orejas y la nuca en donde anida nuestro fantasma fundamental. Para atravesar este enigmático estadio y aterrizar en una mente felizmente desierta, no conviene ser o no ser, ni desear o no. Allí, trascender se convierte en no esperar nada. Entre la espera y la esperanza pasa todo.

Nada de hipótesis, nada de conjeturas. Terapia o muerte. Inmolación pseudo-psico-filosófica a la caza de razones para seguir siguiendo. ¿Acaso no hay otro modo para entender la existencia que no sea existir? Una migración exaltada hacia los suburbios mentales que nos desequilibran para así poder tomar inconsciencia. Un lugar en el que renovarse o morir.

Creación, Dirección e interpretación: Pablo Molinero y David Climent
Texto: Pablo Molinero
Partituras físicas: David Climent