• febrero
  • 23

    sábado

    20:00

  • 24

    domingo

    20:00

Pasado

febrero · 2019

Elikia y Joseph dos niños cautivos de un ejército rebelde en guerra en algún país africano huyen de sus captores. Venciendo su miedo y arriesgando la vida, llegan a refugiarse en un hospital infantil, donde les recibe Angelina, una enfermera que trabaja allí y que más tarde da testimonio de su historia.

El ruido de los huesos que crujen, es una magnífica ocasión para conocer a Suzanne Lebeau y sumergirse en su mundo. Suzanne Lebeau siempre trabaja hasta el límite y, una vez más, en este texto va más allá y profundiza en un tema duro y complicado como solo ella puede hacerlo. Una vez más, se enfrenta a su propio desafío, se enfrenta a la necesidad que ella tiene de hablar a los jóvenes de cosas trascendentes, de otros mundos, de otras realidades diferentes que están más cerca que nunca en este mundo globalizado en el que vivimos. Lo vemos en la televisión, en los periódicos, se habla de ello en conversaciones y chicas y chicos también lo ven y lo oyen. Esto no se puede obviar; es más, me parece imprescindible hablar de ello a jóvenes que tienen derecho y necesidad de ser conscientes de que existen realidades diferentes a la suya. No se les puede aislar en una falsa burbuja, sería una traición que Suzanne Lebeau jamás cometerá. Nosotros tampoco.

Antonio Sarrió

Siempre he admirado a Suzanne por su contemporaneidad y por su lucha por transmitir al mundo de la infancia y a los jóvenes textos desde la experiencia, huyendo del didactismo y caminando hacia la comunicación entre personas, teniendo en cuenta que los niños son personas, que las niñas tienen un presente y que se puede hablar con ellos sin abundar en la dominación que habitualmente ejercen los adultos sobre la infancia. Por eso queremos hacer este espectáculo porque habla del límite de la dominación y porque nos pregunta directamente y a la cara qué somos.

Carlos Sarrió

Suzanne Lebeau:

La importancia de la obra de Suzanne Lebeau, así como su contribución excepcional al florecimiento de la dramaturgia para público joven, le valieron numerosos premios y distinciones, entre los cuales se encuentran el Premio Collidram – Prix de littérature dramatique des collégiens en Île-de-France (2010), Premio literario del Gobernador General de Canadá (2009) – categoría Teatro, Premio Sony Labou Tansi des Lycéens (2009), Distinción de la Comédie-Française (2008) y Premio de las Journées de Lyon des auteurs de théâtre (2007)por El ruido de los huesos que crujen. En 1998, la Asamblea Internacional de Parlamentarios de Lengua Francesa le concedió el grado de Chevalier de l’Ordre de la Pléiade por el conjunto de su obra y en 2010, el gobierno de Quebec le otorgó el premio Athanase-David, la distinción más prestigioso por una carrera de escritura. Recibió en 2012 el premio homenaje de CINARS y en 2013 eso de la Bourse RIDEAU – reunión de los profesionales de las artes escénicas y mayor representante del mercado del espectáculo en lengua francesa de las Américas – y el Premio Gascon-Thomas de la Escuela de Teatro Nacional de Canadá por su destacada contribución al desarrollo del teatro en Canadá. En 2015, recibe una beca de carrera del Conseil des arts et des lettres de Quebec en apoyo a la trayectoria de artista reconocida por su aporte excepcional al arte teatral. En 2016, recibe la más alta distinción otorgada en Canadá en el campo de las artes, el Premio del Gobernador General de Artes Escénicas: Premio de la realización artística – categoría Teatro. En 2017, recibe el premio «ASSITEJ Inspirational Playwrights».

Autora: Suzanne Lebeau
Intérpretes: Eva Blanco, Begoña Crespo y Julio C. García
Espacio escénico: Gonzalo Buznego y Pablo Almeida
Técnico: Víctor Rodrigo
Foto, vídeo y diseño gráfico: David Ruiz
Ayudante de dirección y Producción: Antonio Sarrió
Dirección e iluminación: Carlos Sarrió